
La custodia compartida, cada vez más habitual
La custodia compartida ha pasado en pocos años de ser una excepción a convertirse en una opción cada vez más frecuente en los juzgados de familia españoles. La idea de fondo es sencilla: que los hijos sigan manteniendo una relación intensa y equilibrada con ambos progenitores tras la ruptura de la pareja.
No obstante, no se concede de forma automática. Los jueces analizan cada caso concreto para decidir si la custodia compartida es realmente lo más beneficioso para los menores.
Qué significa exactamente custodia compartida
En un modelo de custodia compartida, ambos progenitores asumen de forma equilibrada el cuidado diario de los hijos: convivencias, deberes escolares, visitas al médico, rutinas, etc. No implica necesariamente una división matemática del tiempo al 50 %, pero sí una presencia significativa de ambos en la vida cotidiana de los menores.
La patria potestad (decisiones importantes sobre educación, salud, etc.) suele ser conjunta tanto en la custodia compartida como en la exclusiva, salvo casos excepcionales.
Criterios que tienen en cuenta los jueces
Aunque cada caso es distinto, los tribunales suelen valorar, entre otros, estos elementos:
- Relación previa de cada progenitor con los hijos y reparto real de cuidados antes del divorcio.
- Capacidad de diálogo entre los progenitores para tomar decisiones conjuntas.
- Distancia entre domicilios y logística diaria (colegio, actividades extraescolares, etc.).
- Edad y necesidades especiales de los menores.
- Disponibilidad horaria de cada progenitor.
- Informes psicosociales y, en su caso, la opinión de los propios hijos según su madurez.
Modelos de organización del tiempo
La custodia compartida puede organizarse de muchas maneras. Algunos ejemplos habituales son:
- Semanas alternas completos con cada progenitor.
- Periodos de 15 días.
- Modelos 2-2-3 (dos días con uno, dos con otro y fines de semana alternos).
- Repartos flexibles adaptados a horarios laborales específicos.
Lo importante es que el sistema sea estable y previsible para los menores y que se reduzcan al máximo los cambios innecesarios.
Vivienda familiar y custodia compartida
Una de las cuestiones más delicadas es el uso de la vivienda familiar. Algunas opciones habituales son:
- Que uno de los progenitores mantenga el uso de la vivienda con los hijos, mientras el otro reside en otro domicilio.
- El sistema conocido como “casa nido”, en el que los hijos permanecen siempre en la vivienda y son los progenitores quienes rotan, aunque es poco frecuente por su coste y complejidad.
- La venta o adjudicación de la vivienda a uno de los progenitores, con búsqueda de soluciones habitacionales alternativas.
Custodia compartida y pensión de alimentos
La custodia compartida no implica automáticamente que desaparezca la pensión de alimentos. Si las situaciones económicas son muy diferentes, es posible que uno de los progenitores deba abonar una cantidad al otro para equilibrar los gastos de los menores.
También puede optarse por abrir una cuenta común donde ambos ingresen una cantidad mensual para hacer frente a los gastos ordinarios de los hijos.
Ventajas e inconvenientes de la custodia compartida
Entre las posibles ventajas destacan:
- Mayor implicación de ambos progenitores.
- Menos sensación de “pérdida” de uno de los padres para los hijos.
- Reparto más equilibrado de responsabilidades.
Entre los inconvenientes potenciales:
- Mayor necesidad de coordinación y comunicación.
- Posibles cambios frecuentes de domicilio para los menores.
- Más complejidad en la gestión de agendas y actividades.
Cómo prepararse para solicitar custodia compartida
Si deseas plantear una custodia compartida es recomendable:
- Demostrar tu implicación real en el cuidado de los hijos antes y durante el proceso.
- Presentar una propuesta concreta de calendario y organización.
- Mostrar una actitud cooperativa, incluso si existen diferencias con el otro progenitor.
- Asesorarte con un abogado de familia que conozca la práctica de los juzgados de tu zona.
Conclusión
La custodia compartida puede ser una excelente opción cuando ambos progenitores están comprometidos y existe un mínimo de colaboración. No es una fórmula mágica ni funciona igual en todas las familias, pero bien diseñada y aplicada desde el interés superior del menor, permite que los hijos sigan teniendo a sus dos figuras de referencia muy presentes en su día a día.